José Matías Quintana y las organizaciones precursoras del movimiento liberal yucateco.

1812-1823

José Mauricio Dzul Sánchez[1]

Archivo General del Estado de Yucatán.

 

Caía la tarde del 19 de marzo de 1821. José Matías Quintana, acompañado de su esposa María Ana Roo, se dirigía a la casa del Pbro. Rafael Aguayo, frente al parque de San Juan. El motivo de su visita era muy especial. Con días de anticipación se había anunciado la celebración en aquel parque de un aniversario más del “glorioso” momento de la promulgación la Constitución de Cádiz de 1812. Como en otras ocasiones, este sería el lugar de acontecimientos políticos que tiempo atrás fueron considerados fuera del orden establecido. [2] Ahí los aguardaba, Manuel Petra, viejo amigo, quien se había congregado en aquel lugar para el mismo fin.



Ver Documento 1

Meses antes, se sentía como ilusorio tal acto pues desde 1814 el rey de España, Fernando VII, había derogado la Constitución de Cádiz, volviendo a la ya añeja monarquía absoluta. Pero los tiempos habían cambiado, y el mismo rey la había reestablecido -no muy a su gusto-, declarando: “marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”. [3] Aunque aún existía inquietud sobre la certeza de las declaraciones del rey, Matías Quintana había decidido escuchar desde la casa del Pbro. Aguayo tan importante acto. Cierto es que ahora vivían bajo el amparo de las leyes liberales, sin embargo, también recordaban el bando publicado por el entonces gobernador Manuel Artazo, el 22 de julio de 1814 , que  prohibía las reuniones, juntas y asociaciones que, según consideración del gobierno que presidía, atentasen contra la formación del espíritu publico, de palabra o por escrito. [4]


Ver Documento 2

Es por eso que aunque Matías Quintana era uno de los más importantes defensores del constitucionalismo, por el momento prefería contemplar a lo lejos aquella celebración, desconfiado de tan repentina aceptación de la carta gaditana. Mientras reflexionaba sobre esta situación, afuera, en el parque de San Juan, se escuchaba una canción que al unísono interpretaban los concurrentes del festejo:

Venid liberales

De la patria y honor,

Decid, viva, viva,

La Constitución.

El dulce recuerdo                                            El cuerpo ilustrado

De que hoy nos franqueó                              Que humano nos dio

El sabio congreso,                                          El código sabio,

Tan augusto don                                             En que consignó

Nos reúna, y con gozo                                               Libertad, y gloria

Con ardiente amor                                          Al pueblo español

Rindámosles gracias                                     Siempre tributemos

Por tanto favor.                                                Honra y bendición... [5]


Ver Documento 3

El entusiasmo impregnaba el ambiente, haciendo de esa noche, noche de reconciliación. Después de algún tiempo, y al no percibir claramente la letra de la canción, Matías Quintana se levantó de su asiento y, con la firmeza que lo caracterizaba, se acercó al grupo para oír la música, notando que no existía desorden alguno, sino por el contrario, el decoro digno de aquel acto. Esto le brindó la seguridad de disfrutarlo mejor que encerrado en la casa. [6]

Concluido el festejo, cruzó la calle y regresó a la casa de su anfitrión, lugar en el que permaneció platicando amenamente sobre situaciones que ocurrían en aquella Mérida de comienzos del siglo XIX. A las nueve de la noche, se despidió y tomó el camino rumbo a su casa en compañía de su esposa. [7]

Días más tarde sería llamado a declarar como indiciado, al ser acusado de ser uno de sus principales promotores de esta celebración, que había causado gran alboroto en la ciudad. Pero, ¿porque el gobierno lo señalaba a él como el agitador de este acto? Para conocer las razones tenemos que remitirnos al pasado. [8]

El sanjuanismo durante el constitucionalismo gaditano

Todo comenzó en España, en 1808. La monarquía se encontraba en una fase de incertidumbre debido a que el rey Fernando VII había caído prisionero de los franceses. Su ausencia provocó un proceso de transferencia de los poderes ante el vacío del trono. El reino español pasaría de una monarquía absoluta a lo que ellos mismos consideraron una “monarquía constitucional”. [9] En el contexto del liberalismo que se iba conformando, se consignaba un cambio de mentalidad, acerca de quién proporcionaba la legitimidad y bajo qué bases se constituiría. Es así como surgió el voto como fuente de legitimidad del gobierno.

Las principales formas de organización y discusión política en aquellos años en los que aun no se definían las bases del proceso constitucional, lo constituyeron las reuniones conocidas como tertulias. Fue dentro de este marco donde se desarrollaría con el tiempo, la discusión de fórmulas idóneas para contender por el gobierno enmarcados en los ideales liberales que se venían forjando.

Sabemos que en el Antiguo Régimen las noticias se difundían en varias formas. Los impresos, decretos e informes oficiales se distribuían a las autoridades relevantes. A la vez, éstos las comunicaban a la gente al exhibirlas en lugares públicos o empleaban pregoneros para leérselas al pueblo. Asimismo la información se transmitía oralmente. Los religiosos a menudo discutían cuestiones durante la misa o fuera de ella. Funcionarios públicos e individuos particulares escribían cartas a amigos y a colegas participando los hechos del día. Los que recibían tales noticias se lo comunicaban a su vez, a sus amigos, colegas y vecinos. Los escribanos se aseguraban que el público analfabeto estuviera enterado de los últimos acontecimientos. Arrieros, mercaderes, y viajeros mantenían a los pueblos y aldeas de provincia al tanto de los eventos que ocurrían en la región. La gente discutía los acontecimientos del día en reuniones sociales -tertulias, cafés, tabernas, paseos, etc. Por tanto, aún la vasta población analfabeta estaba mucho más informada que comúnmente se ha creído. [10]

En Yucatán, y esencialmente en Mérida, el grupo que se alzó como el defensor de las ideas liberales, fue el grupo conocido como sanjuanistas, el que  a la sombra y protegido de imágenes cristianas y la cruz, realizaba sus tertulias a deshoras de la noche en la sacristía de la iglesia de San Juan. Entre los primeros concurrentes a aquellas reuniones se encontraban Vicente María Velázquez, encargado de dicha parroquia; Manuel Jiménez Solís –conocido como el padre Justis-, joven clérigo “de una moralidad intachable”; al igual que los religiosos Francisco Carvajal, Rafael Aguayo, Mauricio Gutiérrez, y por supuesto, José Matías Quintana, próspero comerciante de la capital. [11] A estos personajes se les sumaron tiempo después Lorenzo de Zavala, joven inquieto con una amplia formación intelectual; José Francisco Bates, uno de los más ardientes liberales, impulsor del periodismo en la península, y dueño de la primera imprenta que se estableció en Mérida. [12]

Fue a partir de 1812, con la introducción de la Constitución de Cádiz, cuando este grupo inició la tarea de llevar sus ideales al terreno público, además de tratar de organizar a la población en los procesos electorales, informando y divulgando los derechos que como ciudadanos habían adquirido, y a decir de Eligio Ancona:

“En virtud de las garantías que aquella carta otorgaba a todos los españoles, ya no había peligro de ocuparse de política en las reuniones publicas, y mucho menos de diseminar unas doctrinas, que eran la base en que descansaba el nuevo sistema de gobierno. Lo que antes constituía un crimen que castigaban las leyes, ahora se consideraba como una virtud. Esta verdad que comenzaba a ser comprendida por la generalidad, hizo que concurriese una gran cantidad de número de gentes al club de San Juan y que se aumentase el número de sus afiliados. Esta concurrencia dejó muy pronto de ser solamente de la capital... En cada pueblo de cierta importancia se estableció una junta, que recibía sus inspiraciones de la de San Juan, y que se encargaba de hacer en la localidad, la propaganda de las nuevas ideas.” [13]

Matías Quintana era en aquel entonces uno de los más entusiastas sanjuanistas. Su protagónico papel durante la primera vigencia de la Constitución de Cádiz, lo hizo blanco de críticas por los integrantes del grupo rutinero, plenamente identificados con la monarquía absoluta y quienes sólo esperaban el momento oportuno para realizar la tan añorada venganza y regresar al añejo orden colonial. Autores del siglo XIX identificaban incluso en Matías Quintana una tendencia peligrosa hacía la independencia absoluta de España como único remedio para acabar los males públicos. [14] Por eso es presumible que su posición liberal fuese en defensa y como justificante del actuar de su hijo Andrés Quintana Roo en el centro de la Nueva España.

Grupos masónicos durante el regreso al Absolutismo

Por decreto del 4 de mayo de 1814, el rey de España, Fernando VII, recién liberado por los franceses, mandó a suprimir la constitución promulgada en su ausencia. Esto resultó un duro golpe para los sanjuanistas. Todavía realizaron un último esfuerzo publicando, entre el jueves 21 y viernes 22 de julio de 1814, algunos impresos atacando el regreso al absolutismo y “queriendo más bien morir que reconocer soberano al Señor Don Fernando VII”, los cuales repartieron y remitieron a los pueblos, como acostumbraban: El Vigilante Yucateco, El Filósofo Meridano y El Alcance al Misceláneo.” [15]

Apresados, entre otros, Matías Quintana, Lorenzo de Zavala, Francisco Bates, Vicente María Velázquez y Manuel Jiménez, se les acusó de Lesa Magestad y el grupo sanjuanista fue disuelto, encarcelando a los religiosos en el convento de la Mejorada. Los restantes fueron enviados al presidio de San Juan de Ulúa. En el expediente que se les integró, está la declaración del presbítero Juan Esteban Rejón, simpatizante de los rutineros, a quien se le preguntó, si había asistido a las tertulias que organizaba Vicente María Velázquez en su habitación (la vicaría de San Juan), qué objeto tenían éstas, de qué se trataba y qué clase de gente concurría. A todo esto contestó:

“Que en la tertulia, se trataba del modo de ganar las elecciones, de constitución, decretos, leyéndose todos los papeles públicos, tanto denigrativos como no denigrativos; que se procuraba extender entre la gentuza noticias de defectos de la gente de suposición para desconceptuarlos y atraerse el expresado padre todo el partido, pues opinaba debían ser los Obispos electos por el pueblo y quería serlo el expresado Padre Velázquez... Que un día, habiendo entrado como era su costumbre, y encontrado allí unos indios de los principales de San Cristóbal, porque éstos se levantaron respetuosamente a saludarlo, se incomodó el padre Velázquez y los regañó, diciéndoles que ya no era tiempo de esas humillaciones, que a que venía a pararse...” [16]

Es de reconocerse que los sanjuanistas forjaron en los albores del siglo XIX, las raíces de las asociaciones políticas, aquellas que con base en una ideología propia, buscaban representatividad en el gobierno. La clase de asistentes que ahí se reunían, estaba compuesta mayormente por criollos, indígenas y clases bajas a quiénes la Colonia había sojuzgado por tres siglos. Gran acierto de suyo fue el haber logrado la inclusión de los indígenas recién declarados ciudadanos por la Constitución de Cádiz, y aglutinar de esta manera a un sinnúmero de simpatizantes. [17]

El regreso de los otrora sanjuanistas a la política sólo se realizaría una vez restaurado el constitucionalismo gaditano en 1820. Habían aprendido la lección. Su precocidad en la política los condujo al derrumbe como grupo. Una vez recobrada su libertad [18] , la mayoría se refugiaría en la vida civil, esperando el momento oportuno para tomar nuevamente las riendas, replegando sus dotes innatas de oradores públicos. Sus tertulias no se realizarían ya a la luz pública sino que iban a buscar una forma más segura de expresarse: las logias masónicas.

Ver Documento 4

Corría el año de 1818 cuando se introdujo la primera sociedad masónica. en Yucatán. [19] Su aparición en la península, según fuentes decimonónicas, se presenta de dos formas: la primera apunta hacía aquellos sanjuanistas desterrados a San Juan de Ulúa que se mezclaron con otros presos por causas políticas, algunos de ellos iniciados en el secreto de las sociedades masónicas, entre los que sobresale la figura de Lorenzo de Zavala. A su regreso a tierras yucatecas Zavala, si bien guardó cierta circunspección ante las autoridades, sin comprometerse en ninguna combinación política, en ciertos círculos y con ciertas gentes, comenzó a predicar las insignias masónicas. La segunda, nos señala la presencia en Campeche de varios desterrados constitucionales que se dirigían hacía España a bordo de la fragata Ifigenia y quienes por un accidente en alta mar arribaron a playas yucatecas. Entre estos náufragos se encontraban varios masones distinguidos. Sea como fuese su origen, a partir de su aparición, estas sociedades secretas tuvieron un fuerte impacto en la organización social y política de la entidad, contándose entre sus miembros a militares, ricos comerciantes, clérigos, frailes y empleados del gobierno. [20] Acerca de la conformación de las sociedades masónicas, Eligio Ancona refiere:

“La masonería ha tenido como principal objeto en los tiempos modernos, fundar el imperio de la libertad, lo que no impide que sea una institución inminentemente jerárquica, en donde hay aprendices, compañeros y maestros: logias, capítulos y grande oriente. La obediencia ciega del inferior al superior, es un articulo de fe en la asociación: tiene un lenguaje y un alfabeto especial para ocultarse de los profanos y los iniciados se comunican entre sí por medio de tocamientos y signos convencionales.” [21]

El sigilo con el que se movieron estas sociedades secretas sería el arma con la que los liberales pugnaran para revertir el orden político impuesto y restablecer el imperio de la Constitución, pues la prohibición de las reuniones públicas hacía que la masonería fuese el único medio para poder expresar sus ideales.

No conocemos claramente de qué forma influyeron en los pueblos las logias masónicas, ni el grado de aceptación que tuvieron. El único documento con que contamos para tener idea de su impacto está fechado en 1827 y es un informe del gobernador López Constante dirigido al Ministro de Relaciones del Gobierno Federal informando a este de las logias masónicas en la entidad. Previamente había solicitado  a los subdelegados que le informasen acerca del asunto para estar mejor enterado. [22] Los subdelegados de los partidos de Izamal, Lerma, Seyba Playa, Bacalar, Teabo, Sotuta y Hecelchakán declararon “no conocerse en sus respectivos territorios reunión masónica alguna.” Por su parte, el de la Isla del Carmen, hizo ver que “en su distrito se ignoraba semejante establecimiento no conociéndose bajo ningún distintivo.” El subdelegado de Maxcanú, negó la existencia de ellas en su territorio y sólo conocía las malas intenciones de la que se llama de “Escocia” por medio de los papeles públicos. [23] Por su parte, el de Ichmul refería:

 “que en la actualidad no hay logia alguna en su comprensión y que solo ha podido averiguar que en los años de 21 y 22 hubo una en Tzucacab correspondiente al rito escocés, instalada con el objeto de propagar el espíritu de independencia.” [24]

El gobernador, con la intención de ampliar el conocimiento del tema de las logias masónicas, hizo una reflexión acerca de la diferencia entre el rito Escocés y el rito Yorkino afirmando que el primero era antidependentista, propenso al “borbonismo” pues sus integrantes son en su mayoría españoles que recibían influjo de Cuba. Sobre el segundo solamente refirió que era todo lo contrario al primero. [25] Además apuntó:

“Ha habido en Yucatán un tiempo en que sus suelos vieron estatuirse varias sociedades de esta clase, pero su objeto se cree no haber sido otro que el de rociar al pueblo con el dulce néctar de la libertad, propagar las luces en la masa general de él, para sacarlo del abatimiento en que por su ignorancia lo tenía sumido el tirano de Europa y conseguir la independencia civil y nacional. Alcanzada empero, todos debieron mirarlos como indiferentes e innecesarias u por lo mismo, indebida la aplicación de los edictos que les tenían prescritos; de aquí el desprecio con que se les empezó a mirar y acaso el motivo de haber suspendido sus labores abatiendo las columnas de sus tiempos.” [26]

Ver Documento 5

Mi punto de vista es que las logias jugaron un papel importante en la conformación del espíritu liberal de las ciudades y que su influencia no llegó a aquellas poblaciones en donde se había conformado un sentimiento de propio interés, con fines prácticos e inmediatos. Más bien parece que durante estos años las logias masónicas tuvieron más auge en ciudades como Mérida y Campeche pues eran centros económicos y políticos, amén de la intelectualidad que ahí se estaba forjando. Los pueblos siguieron poseyendo su forma de organización política emanada del derecho consuetudinario, en donde el fervor llegaría en el momento en que el gobierno pretendiese dañar el orden social. Esto no quiere decir que no hubiera sus excepciones y prueba de ello es la presencia documentada de una logia masónica en Tzucacab. Posiblemente por el hecho de ser una sociedad secreta sobrevivió, aunque las autoridades declararon inexistencia o fingieron desconocerla.

La Confederación patriótica durante el regreso constitucionalista

El 26 de abril de 1820, los habitantes de Mérida despertaron con una gran conmoción. Un buque procedente de la Habana, había arribado al puerto de Sisal, trayendo consigo correspondencia y diversos periódicos. Entre estos, se encontraba un suplemento de la gaceta oficial de la isla en el cual se insertaba el decreto de 9 de marzo en el que el rey de España, Fernando VII, mandaba jurar la constitución de Cádiz y se comprometía convocar las Cortes. [27] El cisma entre la sociedad meridana no se hizo esperar. El gobierno de Yucatán se encontró de pronto en uno de sus momentos más críticos desde la caída del constitucionalismo. Las persecuciones habían cesado y sin embargo se sentía en el ambiente la incertidumbre de unos, los rutineros, y la algarabía de otros, los liberales o sanjuanistas, por el futuro que vislumbraban.

Los movimientos tumultuosos comenzaron de pronto y con gran intensidad en Campeche, lo que hizo que el 9 de mayo se erigiese como la primera ciudad en restaurar la Constitución en la provincia. [28] En Mérida fue restaurado el sistema constitucional el 12 de mayo de 1820 y, al día siguiente, se restableció la Diputación Provincial y el ayuntamiento que fungía en 1814. A partir de entonces, los pueblos reinstalaron sus ayuntamientos paulatinamente, reingresando de esta forma a la gobernabilidad que les había conferido la Constitución.

Base del ordenamiento constitucional y de la conformación política de esta fase, fue la Confederación Patriótica fundada en 1818 por Lorenzo de Zavala, quien con esta organización pretendía representar a la provincia, sosteniendo la rebelión popular para remover a sus autoridades. [29] Los partidarios de la confederación patriótica fueron: rutineros conversos, una nueva camada de políticos liberales alumnos de Jiménez Solís, masones, un grupo con marcados intereses localistas, y comerciantes liberales. A decir de un informe presentado en 1823 ante la Junta Provisional Gubernativa de Yucatán:

Las sociedades patrióticas en su origen, no tuvieron otro objeto que el laudable de hacer entender a los pueblos sus derechos políticos y civiles. Oprimidos por la tiranía, llenos de ignorancia, causa primordial de su esclavitud, necesitaban de instrucción que los preparase para las grandes reformas que exigía la cultura del siglo. Con este intento, algunos patriotas bien intencionados y celosos del bien de la humanidad, empezaron a tener sus reuniones en los que se leían papeles públicos, o se ventilaban cuestiones políticas, con el fin de hacer capaces aun a los mas rudos, de la extensión de sus derechos.” [30]

La presencia de las sociedades patrióticas significaron un avance en las cuestiones políticas de la provincia, al permitir que un número de gentes se reuniese en torno a una ideología bien definida y con preceptos institucionales que le confería un grado de organización más complejo y un campo de acción mas amplio pues tenía la capacidad de influir sobre un gran numero de simpatizantes mediante el proselitismo y las campañas destinadas a definir la decisión en las votaciones.

La Confederación Patriótica muy pronto se degeneró, como para poder palpar el influjo que tuvo sobre las elecciones. Los intereses dispersos de sus miembros, producto de la gran variedad de fuerzas en su interior, produjo su fractura en dos bandos supuestamente contrarios pero que al final de cuentas tenían el mismo propósito: acceso al poder.

Antes de su fractura, la Sociedad Patriótica había logrado un importante éxito. Lorenzo de Zavala, asociado con el militar Mariano Carrillo y el Pbro. Francisco de Paula Villegas, obligaron al gobernador de la provincia, Miguel de Castro y Araos, a jurar de nuevo la Constitución; pero sus acciones fueron más lejos. En una reunión en donde se encontraban presentes la Diputación Provincial, el Syuntamiento de Mérida y el gobernador, cuestionaron la fuerza moral y física de este último para ejercer las funciones de su encargo debido a su avanzada edad, ocasionando su renuncia y transferencia de poderes a Juan Rivas Vértiz, en el mando político, y a Mariano Carrillo, en el militar. Dicha reunión fue calificada como anticonstitucional por personajes de la época. [31]

Pero si bien llegó al poder, este mismo lo fraccionó porque la Confederación Patriótica se dividió en dos bandos: los camarilleros, quienes tenían como cabecillas a Carrillo, a Vértiz, al Cura Velázquez, a Bates y al cura Villegas, y  los confederados, influenciados por Zavala y Quintana. Para el mes de septiembre, Mariano Carrillo, en su calidad de capitán general, prohibió a los franciscanos, entrar y salir de su monasterio de la Mejorada por la puerta de la ciudadela de San Benito. Este acto irritó a los frailes quienes, además de compartir dicha plaza, de alguna u otra forma se encontraban involucrados en la política regional al grado de  que incentivaron a la gente en contra de Mariano Carrillo. Prueba de la agitación que vivió la ciudad de Mérida durante esta época, lo constituyó el agravio que sufrió la estatua de Fernando VII instalada en la Alameda, misma que fue atacada y destruida precisamente el 16 de septiembre, un aniversario más del inicio de la guerra de independencia. [32]

La pugna entre los bandos llegó a su punto más álgido el 2 de octubre de 1820, cuando el Ayuntamiento de Mérida, solicitó una reunión con la Diputación Provincial a fin de deponer a las autoridades de la provincia. Ante este hecho, Eligio Ancona apuntó:

“Parecía una doctrina generalmente admitida ente los constitucionales de la época, que la reunión de estas dos corporaciones era omnipotente y que no necesitaba invocar el pretexto de la salud publica para poner y quitar a su antojo jefes político, intendentes y capitanes generales” [33]

El día 3 de octubre, durante la sesión de la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Mérida en el mismo edificio, una multitud se arremolinó en la plaza principal y en los pasillos de la casa consistorial. Seguramente los grupos en pugna habían movilizado a las masas que simpatizaban con ellos, previniendo acontecimientos políticos importantes. En la sesión de la Diputación Provincial,  el representante de la orden de San Francisco se quejó de las restricciones impuestas por Carrillo a los moradores del convento de la Mejorada, solicitando maliciosamente cortar la cabeza del capitán general. Después de este suceso, las cosas se precipitaron. El Ayuntamiento, solicitó una reunión conjunta con el fin de remover a Carrillo del mando militar. El jefe político, Rivas Vertiz, quien se encontraba presente, la tachó de anticonstitucional. Los ánimos se caldearon al grado que la muchedumbre invadió el salón pidiendo la sesión entre el Ayuntamiento y la Diputación Provincial. La movilización de la gente parecía que haría triunfar a los confederados de Zavala; sin embargo, el capitán general llevó a la guardia hasta las salas capitulares, hizo cargar sus piezas de artillería y amagando a la multitud la dispersó. [34]

Al día siguiente, el Jefe Superior Político, Rivas Vertiz, hizo publicar un bando en el que disolvía el Ayuntamiento que se había levantado en contra suya y del capitán general, mandando a realizar elecciones para reemplazarlo. Durante el sufragio de electores el 8 de octubre, Carrillo y Rivas Vertiz encabezaron a los milicianos y con el grito de “muera Zavala” intimidaron a los votantes que favorecían a los confederados. Las elecciones fueron dominadas por los miembros del grupo camarillero. El grupo confederado fue desbaratado y se abrió un juicio sumario a los revoltosos. Por su parte, Zavala, como diputado a las Cortes, salió huyendo hacía la Habana, con destino a España. Desde su exilio se encargaría de contar “su versión” sobre los hechos. [35] Desde entonces se hizo muy difícil su regreso a la política yucateca, pero encontraría nuevos horizontes en el centro de México.

La  socialización política en el liberalismo yucateco

La experiencia había enseñado que las reuniones publicas sólo servían para distorsionar la paz pública, animar a la gente hacía actos “delictivos”, por lo que fueron combatidas a partir de entonces. En enero de 1821, tomó posesión como jefe político superior y capitán general, José María Echeverri, quien traería la paz y la tranquilidad a la provincia durante tres meses, pues el 19 de marzo, se llevó a cabo la celebración del aniversario de la promulgación de la constitución de Cádiz en el parque de San Juan. Este evento no sería bien visto por las autoridades, quienes determinaron efectuar diligencias en torno a la intención de aquel acto.

Ver Documento 6

Durante el proceso de averiguaciones fueron interrogados José Matías Quintana, Manuel José Milanés, Simón Vargas, Pedro Tarrazo, Vicente María Velázquez y Tiburcio López Constante, la mayoría de ellos reconocidos como sanjuanistas en la primera época constitucional y confederados a partir de 1818., La averiguación giró entorno precisamente de describir el término “sanjuanista. “ Matías Quintana, mencionó:

“Que la palabra sanjuanista es sinónima de la de liberal y trae su origen del año del doce en el que leída allí la primera vez la constitución de la monarquía española, se les persiguió por los enemigos de las reformas... Que cuando estaba pasando el cadalso se consolaba con la memoria de haber sido sanjuanista por el testimonio de su conciencia que le dictaba no tener más delito que el haber amado a la constitución.” [36]

Las persecuciones sufridas seguramente hicieron que Matías Quintana se replegase a la vida privada, apartado de los líos políticos que se estaban presentando en la capital. Sabía muy bien que su suerte había cambiado, que ahora la mayoría se pretendía liberal y que pregonaba a los cuatro vientos su ingreso al constitucionalismo. Esa clase de personas lo habían llevado a desconfiar de todos. Prueba de ello es que se mantuvo aparentemente distante de las ocurrencias de la confederación patrióticas, pues como él mismo afirmaba:

“Que no tuvo el honor de ser confederado por no irritar la cólera de los señores jefes interinos que perseguían las luces, pero que era apasionado a la confederación, porque por medio de ella, que protegió como escritor, se acabó la logia que había aquí y que no ignoraba el gobierno, sin que jamás se hubiese excitado su celo. ..” [37]

Como producto del festejo que se realizó el 19 de marzo de 1821, el 7 de abril el gobernador Echeverri lanzo la última ofensiva en contra de las reuniones públicas. Planteó que las reuniones que congregaban a los denominados sanjuanistas o confederados solamente servían para fomentar las divisiones y partidos, cuyas rivalidades odiosas producían siempre funestos resultados y suscitaban rencillas en contra del buen orden. Por lo tanto, mandó que en lo sucesivo se abstuvieran de tener reuniones públicas bajo cualquier pretexto sin conocimiento del gobierno. [38]


Ver Documento 7

Resulta difícil conocer hasta que punto fue cumplido este decreto. Suponemos que se observó de manera general en todos los pueblos de la provincia, aunque claro, con excepciones. Prueba de ello es que el 15 de septiembre de 1823, la Junta Provisional gubernativa refería haber detectado en el pueblo de Calkiní la presencia de una sociedad patriótica. En su deliberación exponía que la “Confederación de San Juan” dio motivo a los alborotos del 3 de octubre de 1820 y fue la causa de la división entre el pueblo y las autoridades. “Además -agregaba- deben todos confesar que aunque en la expresada confederación se hallaron algunos hombres de luces y talentos, nunca vimos alguna ventaja que ofrecían sus reglamentos, ni la ilustración que se prometían sus fundadores.” Luego de una larga deliberación llegaba a la conclusión siguiente:

“Siendo pues las confederaciones inútiles para el bien y estando dispuestas a causar mucho mal, no ve el gobierno qué ventajas producir la del pueblo de Calkiní. en cuyo concepto y estando cazadas por nuestras leyes toda asociación, ayuntamiento o confederación, cree el gobierno que se debe de prohibir la del pueblo de Calkiní y todas las que se hallen en igual caso.” [39]

El caso de Nohcacab es igual de representativo ya que, en enero de 1823, el gobernador notificó a las autoridades del pueblo que se procediese a nuevas elecciones de ayuntamiento apegadas a la constitución, sin prohibir que los ciudadanos se reúnan como les parezca para conferenciar sobre los sujetos a quien van a depositar su confianza. [40]

La prohibición de dichas reuniones públicas, si bien fueron dirigidos para poder controlar el fervor político, poco pudieron hacer ante la nueva conformación social y política que se venía gestado en el interior de la provincia de Yucatán. La presencia de personajes públicos, tales como Matías Quintana, Lorenzo de Zavala o el mismo Vicente María Velázquez, configuraría la nueva forma de socialización de la política, en donde la inclusión de todos los sectores de la sociedad quedaría enmarcada mediante la capacidad de convocatoria y movilización de masas que pudieran controlar, significando a la vez, la diferencia entre detentar el poder y simplemente anhelarlo.

La documentación consultada no permite conocer el resultado de los cargos imputados a Matías Quintana. Pero su actuar público en los años subsecuentes, nos llevan a pensar que salió bien librado de los mismos. Si tuvo realmente algo qué ver con la organización de aquella celebración del 19 de marzo de 1821, tal vez nunca lo sabremos. Lo que si debemos tener en cuenta es que fue uno de los principales precursores de las formas de organización y socialización política en la entidad.

 

Siglas utilizadas

 

AGEY: Archivo General del Estado de Yucatán.

 

CAIHY: Centro de Apoyo a la Investigación Histórica de Yucatán.

 

 

Bibliografía 

 

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RODRIGUEZ O. Jaime O. “Ningún pueblo es superior a otro. Oaxaca y el federalismo mexicano.  En prensa.

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STERN, Steve J. La historia secreta del genero. Mujeres, hombres y poder en México en las postrimerías del período colonial. F.C.E. México, 1999.

 

 



[1] Este artículo forma parte de un trabajo más amplio intitulado: “Innovación y conflicto. Gobierno local y representatividad ciudadana en Yucatán durante la Constitución de Cádiz”, auspiciado por el Programa de Fomento a la Creación y Desarrollo Artístico del Instituto de Cultura de Yucatán, en la categoría de Difusión del Patrimonio Cultural, 2004.

[2] El presente relato fue extractado de la información practicada “sobre una reunión de sanjuanistas en el aniversario de la constitución política de la monarquía.” AGEY. Fondo Colonial, Ramo Gobernación, Vol. 1, Exp. 21. Caja. 12. 1821.

[3] ANCONA Eligio. Historia de Yucatán, desde la época más remota hasta nuestros días. Edic. UADY. Mérida, Yucatán. 1978. Vol. III. p: 126.

[4] El redactor campechano constitucional. Periódico político municipal y filosófico de Mérida de Yucatán. Miércoles 13 de septiembre de 1820. No. 10. Insertado en: AGEY. Fondo Colonial, Ramo Gobernación, Vol. 1, Exp. 21. Caja. 12. 1821. Durante esta época, se consideraba que las reuniones públicas eran potencialmente subversivas, inclusive las religiosas, pues bajo la influencia del alcohol, causaban desordenes y protestas. El derecho de dirigirse al publico, en teoría, solo era de los magistrados. Aun las asociaciones privadas que buscaban fines limitados, como los gremios, las asociaciones literarias o las compañías comerciales, solo eran legítimos, si eran controlados por el gobierno. DI TELLA, Torcuato. Política nacional y popular en México. 1820- 1847. F .C.E. México, 1994., pp: 112-113.

[5] Canción patriótica publicada como pasquín para el aniversario de la constitución política de la monarquía española, en Mérida de Yucatán. Imprenta P. L. a cargo de D. Domingo Cantón. Año de 1821. AGEY. Fondo Colonial, Ramo Gobernación, Vol. 1, Exp. 21. Caja. 12. 1821.

[6] Tal vez él también quería formar parte de ese momento glorioso, disfrutar al igual que los otros ahí presentes, de la dicha de saber que aquel ideal por el cual había luchado y padecido años antes, por fin se encontraba vigente. En el interrogatorio que se le practicó, mencionó ser este el momento en el que se percató de su presencia Simón Vargas.

[7] AGEY. Fondo Colonial, Ramo Gobernación, Vol. 1, Exp. 21. Caja. 12. 1821.

[8] Ibid.

[9] Según indican los historiadores, este proceso de transferencia de los poderes del rey al pueblo, marcaría el inicio de la representación política moderna. Con la elegibilidad de los cargos de los ayuntamientos, se inicia un proceso de municipalización en donde el “ciudadano” con su voto, no sólo escogía a una persona para gobernar y hacer las leyes, sino que se encargaba de ejercer la soberanía del cual el votante era dueño. ANNINO, Antonio. “Cádiz y la revolución territorial de los pueblos mexicanos. 1812- 1821.” En: Historia de las elecciones en Iberoamérica. Antonio Annino (Comp.), Edit. Siglo XXI-FCE. Buenos Aires Argentina, 1995, pp: 182-183.

[10] RODRIGUEZ O., Jaime E. “ Ningún pueblo es superior a otro: Oaxaca y el federalismo Mexicano”. En: Brian Connaughton (coord.) Poder y Legitimidad en México, siglo XIX. Instituciones y cultura política. UAM-Iztapalapa / Miguel Angel Porrúa. México, 2003, pp. 249-309.

[11] SIERRA O`REILLY, Justo. Los indios de Yucatán. Consideraciones históricas sobre la influencia del elemento indígena en la organización social del país. Edic. de la UADY , Mérida Yuc., Mex. 1994. Tomo I, pp: 316-321.

[12] ANCONA, Eligio. Historia de Yucatán... Op. Cit., p: 39.

[13] Ibid., p: 38-39.

[14] SIERRA O`REILLY, Justo. Los indios de Yucatán... Op. Cit. Tomo II, pp: 78-79.

[15] Causa criminal seguida en el tribunal eclesiástico contra el presbítero Dn. Manuel Ximenez. Año de 1814. Insertado como documento en: “Los sanjuanistas de Yucatán. Y. Manuel Jiménez Solís, el padre Justis.” En: Boletín del Archivo General de la Nación. México , segunda serie. Tomo X, No. 1-2, 1969. pp: 215-252. Pagina de la cita: 218.

[16] Ibid., p: 220.

[17] Este liderazgo indígena se presentaba gracias al sentido de igualitarismo que pesaba sobre ellos. el simple hecho de formar parte del mismo grupo social, les brindaba a los dirigentes de las comunidades el compromiso de servir a sus semejantes. el resguardo del bienestar comunal, se les presentaba de forma recíproca, en donde el prestigio y el respeto alcanzado, contaba más que la coerción institucional o la posición heredada. Es así como se vislumbra entre las comunidades indígenas, una ética del servicio que era más importante que la mera riqueza o poder en la adquisición de prestigio y autoridad. Esto lo vislumbramos mejor, si consideramos, que en épocas precarias, los líderes indígenas, compartían pobreza y hambre, de manera conjunta con el resto de la población. STERN, Steve J. La historia secreta del género. Mujeres, hombres y poder en México en las postrimerías del período colonial. F.C.E. México, 1999, pp: 275-278.

[18] Vicente María Velázquez, habiendo representado ante el intendente gobernador encontrarse “sumamente extenuado de la salud y próximo a perder la vida”, sería liberado en febrero de 1818, previo el nombramiento de Simón de Vargas como fiador de su persona. AGEY. Fondo Archivo Notarial. Protocolos 1818. Libro 91. Fianza comentariense otorgada por Simón Vargas en favor del Presbítero Vicente María Velázquez. 31 de enero de 1818. Fojas 29-29v. Manuel Ximenez representaría el 12 de julio de 1817 ante el Capitán General, solicitando se le liberase, pues de forma absurda llevaba tres años de prisión sin que hasta la fecha no se le halla librado sentencia, alegando haber perdido la vista y estar gravemente atacado de varias enfermedades, particularmente de fiebre. Causa criminal seguida en el tribunal eclesiástico... Op. Cit, p: 251-252. Respecto a Lorenzo de Zavala, Matías Quintana y Francisco Bates, serían liberados de su encierro en San Juan de Ulúa en 1817, regresando a la Ciudad de Mérida, lo que representó para la población, haber cesado las persecuciones y que el gobierno no tenía ya nada que temer. En especial, Matías Quintana, se empeñaría en recuperar sus bienes que arteramente le fueron confiscados y rematados por el gobierno monárquico. ANCONA, Eligio. Historia de Yucatán... Op. Cit., p: 115. SIERRA O`REILLY, Justo. Los indios de Yucatán... Op. Cit., pp: 104-109.

[19] Las logias masónicas del siglo XIX suelen dividirse en dos grandes corrientes o ritos: el escocés que tenían su origen en Europa y habían llegado a la Nueva España sobre todo a través de los oficiales peninsulares. Las logias post-independentistas serían las del rito yorkino, organizadas para contrarrestar la influencia de los escoceses. Siendo el rito yorkino, menos elitista que los escoceses, abrieron sus puertas a todo tipo de personas, tales como, burócratas, empleados, artesanos y soldados. Planes de la Nación Mexicana. Libro Uno, 1808-1830. LIII Legislatura del Senado de la República - EL Colegio de México, 1987, pp: 63-64.

[20] SIERRA O`REILLY, Justo. Los indios de Yucatán... Op. Cit., pp: 143-145.

[21] ANCONA, Eligio. Historia de Yucatán... Op. Cit., p: 117.

[22] AGEY. Fondo Poder Ejecutivo, Sección Correspondencia Oficial. Vol. 1, Exp. 8, Caja 6. 1823-1827. Fojas 86v. Durante esta época el gobernador de Yucatán era Tiburcio López Constante.

[23] AGEY. Ibid. Fojas 86v-87.

[24] AGEY. Ibid. Foja 87.

[25] AGEY. Ibid. Foja 87v.

[26] AGEY. Ibid. Foja 88-88v.

[27] ANCONA, Eligio. Historia de Yucatán... Op. Cit.,, pp: 126-127.

[28] SIERRA O`REILLY, Justo. Los indios de Yucatán... Op. Cit., pp: 173-174.

[29] CAMPOS GARCIA, Melchor. “La influencia de la tradición jurídica española en el separatismo yucateco.” En: Liberalismo, actores y política en Yucatán. Othón Baños Ramírez (comp.) Edic. Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida, Yucatán, 1995, pp: 45-46.

[30] CAIHY. Libro # 110. Copiador de la correspondencia de la Junta Provisional Gubernativa de la Provincia de Yucatán. Foja 13.

[31] CAIHY. Impresos. Justa repulsa del C. Pérez González, a las calumnias groseras, propias y dignas de sus autores, escritas en el papel que se llama: comunicación de los ex-diputados Tarrazo, Rejón y Casares, reimpreso en el Yucateco # 580. Impresa por Seguí en la oficina del Sol. Mérida Yucatán. 1825, p: 11-12. SIERRA O`REILLY, Justo. Los indios de Yucatán... Op. Cit., pp: 205-224.

[32] Eligio Ancona nos refiere que a la estatua se le puso un sombrero de vaquero en la cabeza, una cuerda al cuello y un plátano en la mano en lugar de cetro. ANCONA, Eligio. Historia de Yucatán... Op. Cit. p: 193.

[33] ANCONA, Eligio. Historia de Yucatán... Op. Cit. p: 174.

[34] Ibid., pp: 175-178.

[35] Ibid., pp: 178-179.

[36] AGEY. Op. Cit. Fondo Colonial, Ramo Gobernación, Vol. 1, Exp. 21. Caja. 12. 1821.

[37] AGEY. Ibid.

[38] AGEY. Op. Cit. Fondo Colonial, Ramo Gobernación, Vol. 1, Exp. 21. Caja. 12. 1821.

[39] CAIHY. Libro # 110. Copiador de la correspondencia de la Junta Provisional Gubernativa de la Provincia de Yucatan. Op. Cit. Foja 15v.

[40] CAIHY. Libro # 130. Copiador de decretos del gobierno de la provincia de Yucatán. Foja 500v-501. Otro ejemplo lo constituye la manipulación de más de trescientos indígenas del pueblo Maní durante el proceso electoral para el establecimiento de ayuntamiento del año de 1822, quienes influenciados temerariamente por tres o cuatro cabecillas, levantaron en el pueblo gran desorden, resistiendo a las autoridades que se habían constituido legítimamente, aparentemente motivados por las contribuciones que se les exigía. demostrándonos de esta manera, que el grado de influjo que se pudiese tener sobre el electorado sería decisivo en los resultados de las elecciones. AGEY. Fondo Poder Ejecutivo, Ramo Correspondencia Oficial, Vol 1, Exp. 4, 1822.